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La Coctelera

Esta Boca Es Mía

"de una vez por todas y en paz y basta"

13 Septiembre 2006

. En Busca de la Excentración .

“ … Tenemos tanto miedo a las irrupciones, a que se nos pierda el precioso yo de cada día (…) Vale más quedarse del lado de la simple vida, demasiado asombrosa en sí misma…”
He elegido esta cita para comenzar, porque siento, que es así como se sienten todos los pasajeros del Malcolm antes de subirse al barco y durante el viaje. A pesar de que sentían que durante este tiempo encontrarían finalmente la instancia de “descansar hasta cansarse”, sentían miedo, incertidumbre, porque claro, no sabían qué era lo que los esperaría ahí. Ellos, y nosotros que estamos de este lado, le tenemos miedo a las irrupciones. A todo eso que nos desordena, que nos cambia la rutina o que no pertenece a los parámetros de nuestras estructuras personales. Pensemos: ¿Qué es lo que ocurre cuando están sentados en el café London esperando que llegue alguien que les dijera el itinerario, la duración del viaje, o sea todo lo pertinente en una situación como esta? Ahí esta la palabra clave: “lo pertinente”. Aquí nunca ocurre lo pertinente. No ocurre lo que “comúnmente pasa”, y lo que pasa, es que cada uno de ellos empieza a perder el control de la situación y empieza a tener miedo. ¿Qué es lo que ocurre, qué es lo que piensan, cómo reaccionan cuando les dicen que no pueden entrar en la popa? Los personajes, se dan tanta importancia personal que ven como inconcebible que se les prohíba entrar a algún lugar en este viaje de placer. Que no es posible que exista un lugar al que no se puede entrar, “probablemente nos están mintiendo, algo ocultarán ahí detrás”, no logran concebir que exista algo sobre lo que no tengan control, no, no pueden (y por favor, no nos quedemos solamente en que pierden control durante “el viaje”, sino que veamos al viaje como metáfora de la vida, esto también nos pasa hoy, ayer o más tarde). Y es por eso que al final este viaje se transforma, para muchos, menos para Persio claramente, en una irrupción. A ellos se les pierde el Yo. Se encuentran con ese vacío, y ellos no quieren vacío, quieren seguir siendo las personas importantes que eran en Buenos Aires. Y aclaro, no quiero decir “importantes” porque pertenecieran a la clase alta porteña ni porque fueran famosos personajes de la vida social, sino que digo “importantes” porque cada uno de nosotros nos sentimos importantes en nuestra vida, en nuestro entorno, con los que nos quieren y “respetan”. Ellos no comprenden, que en realidad no hay que “buscarle la quinta pata al gato” como lo hacían López, Raúl, Felipe e incluso Claudia a su manera, sino que más bien lo que tendrían que hacer, es quedarse del lado de la vida misma, y aprender a maravillarse con ella, con cada detalle, con cada rareza y alegría.
Pero ¡cuánto nos cuesta!
Me parece, o al menos funcionó conmigo, que Persio es la conexión con nosotros. Es él quien me descifró las metáforas del Malcolm, porque lo que ocurría en el barco, o sea el análisis netamente denotativo, no es más que una divertida novela argentina, pero con los diálogos de Persio al final de cada capítulo, a pesar de ser diálogos muy abstractos y a ratos muy metafísicos, me entregó las claves de lo que quiso hacer Julio Cortázar con esta novela. Creo que Los Premios es una invitación a la “excentración” como puse en el título de este texto. Sí, lo creo, porque cuántos de nosotros hemos querido soltar las amarras de este centro de gravedad en innumerables ocasiones. Porque a cuántos de nosotros nos haría falta que nos dijeran “quédate del lado de la vida misma”, “quítate un poco de importancia personal”, porque a cuántos de nosotros nos da miedo el vacío, o el “no encontrarle sentido a las cosas”, porque de repente estamos demasiado aquí o demasiado allá, porque de repente es mejor quedarse mirando las estrellas y pensar un poco en nosotros mismos, descubrir por qué Claudia “no era feliz, no era desdichada, esos extremos que resisten lo cambios violentos”, porque de alguna manera todos buscamos ser “nosotros mismos” (a veces me pregunto si es que realmente existirá un ser mismo) pero siempre hay algo que nos retiene…
“Hay que trabajar en push-pull. No sé si me explico. (…) Hay cosas que hay que agarrarlas por la manija y tirar. Ese mozo Dalí sabe lo que hace (a lo mejor no lo sabe pero es lo mismo) cuando pinta un cuerpo lleno de cajones. A mí me parece que muchas cosas tienen manija. Fíjese por ejemplo en las imágenes poéticas. Si uno las mira desde fuera, no ve más que el sentido abierto, aunque a veces sea muy hermético. ¿Usted se queda satisfecha con el sentido abierto? No señor. Hay que tirar la manija, caerse dentro del cajón. Tirar es apropiarse, apropincuarse, propasarse.”
Sí, Persio si se explica. Esa última oración, eso de que hay que caerse dentro del cajón. Tirar es apropiarse… ¿de qué? Sinceramente he estado bastante rato pensando de qué uno se apropia al caer dentro del cajón, al llegar a un punto en que no te queda otra que tirar la manija y caer dentro del cajón. Creo que uno se apropia de sí mismo. Y la manija que hubo que tirar en este caso, fue ir al London para juntarse con todos los demás pasajeros e irse al barco. El punto es si te dejabas caer al cajón o simplemente te daba miedo y la cierras de vuelta. ¿Por qué te podría dar miedo? Creo que te podría dar miedo verte a ti mismo y ser responsable de ello. A veces uno le echa la culpa a la vida y no te haces responsable de lo que te pasa, y tirando las manijas y dejándote caer dentro de los cajones de la vida para propasarse y apropiarse de ella, hace que des un paso más adelante. El problema, es que lo que siempre ocurre que cuando logras un estado de excentración en el que el Yo logra desaparecer, vuelven todos los miedos como un bombardeo atómico y vuelves a agarrarte de todas las inseguridades volviendo a ser una Paula, Claudia, Rosita, Carlos, Raúl, Felipe, Restelli, o la Beba Trejo. (Debo decir que mi personaje favorito era Claudia) Y eso pasa porque en nuestra cultura de Occidentales jamás nos enseñaron a caer dentro del cajón, jamás nos enseñaron a ser capaces de perder el “yo de cada día”. No, nunca nos enseñaron.
En un blog que visito periódicamente, encontré un comentario sobre Los Premios que me hizo mucho sentido, que en realidad al leerlo con atención tiene mucha coherencia con lo que he escrito en estas líneas y que me parece muy importante ponerlo aquí:
“uno, al igual que el Malcolm, no llegará nunca a destino, tripulado por temerosos o indiferentes o conformistas o, en el mejor de los casos, por rebeldes; la felicidad es buscar un sentido a algo que finalmente está vacío, igual que la popa, y así el absurdo gana su batalla de todos los días.”
Y claro que puede ser así. Yo también creo que es así. Que si seguimos siendo unos temerosos, indiferentes y conformistas, nunca llegaremos a destino. Que siempre, para ser felices, le estamos buscando sentido al vacío, haciendo que cada cosa sea coherente con nuestra mentalidad al vivir la vida, o sea, que si no entendemos nada no somos felices, el “sentido” es lo que nos da la tranquilidad. Y es cierto. Me llamó mucho la atención, que cuando llegan a la popa y se encuentran con que está vacía, al igual que ellos mismos, igualmente siguen buscándole un sentido. Siguen y siguen hasta lograr entender lo que está sucediendo, no se rinden nunca. ¡No nos rendimos nunca!
Es tan cierto que hasta lo más absurdo es encasillado por nosotros en lo coherente, nada se nos escapa, ni el más mínimo detalle, ni la explicación de por qué “también son los trenes que salen y llegan a las estaciones portuguesas entre tantas otras cosas que ocurren en forma simultánea”.
Cuando terminé de leer el libro, en lo primero que pensé fue en el Aleph de Borges, en la similitud de la búsqueda del origen, de creer algo así como que “todos somos todo y que por esto mismo no somos nada”, que somos capaces de ser auto, cielo, guitarra, león, viejo, niño, rojo y verde. En esa búsqueda de uno mismo como un ser esencial. Y me gustó eso. Me gustó que Persio fuera la conexión con nosotros, la conexión con el Aleph y quizá con cuántos otros más. En la última reflexión de Persio, que creo que será la última que escribiré porque estoy llegando al final de este texto, describe algo que he visto en muchos de nosotros, en los que estamos de este lado, en los que día a día buscamos encontrarnos, encontrarnos a nosotros mismo como un ser que de verdad “es” y que da lo mismo que se pierda. Que es feliz en el vacío, pero que cuando encuentra ese estado que tanto anhela, que tanto ha buscado, empieza a pensar otra vez, empieza a tratar de encontrar la coherencia, la conexión con lo que vivimos todos los días, trata de descifrar el enigma, la fórmula para lograr esta excentración; y como describí anteriormente, ahí es cuando viene ese bombardeo atómico en el que lo único que te queda es agarrarte de nuevo en al centro de gravedad inicial y pierdes las pistas y las huellas de cómo volver a ese estado nuevamente.
“…pero ha bastado un mínimo reflejo de su memoria, expresándose en el deseo involuntario de aclarar el enigma diurno, y la excentración por fin alcanzada y vivida se triza como un espejo bajo un elefante…”
Y te agarras y vuelves a lo mismo, y no llegas a destino, y te conformas y sigues viviendo aquí. A cuántos de nosotros nos ha pasado, cuántos de nosotros lo hemos vivido y lo hemos dejado pasar sin darle mayor importancia. Los pasajeros del Malcolm tienen la ilusión de creer que este viaje era un corte de la vida anterior, una pausa, un paréntesis. Pero cómo explicarles que es ahí donde estaban más vivos que nunca, sí ¡más vivos que nunca! Y quién mejor que Cortázar para incluirlos (e incluirnos, porque cuando estás leyendo crees a pies juntillas que también estás en el barco) en este juego (que es el mismo de Rayuela y 62 Modelo para armar) con libertad y riesgo y todas las dualidades posibles para llevarnos a todos (a los que estamos aquí y los que están allá) a tirar las manijas de todos nuestros cajones y tomar la decisión que nos dará o no finalmente el premio: ¿Te caes o los cierras de golpe?

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Quidialo

Quidialo dijo

Wow
Es un gran texto, pero te lo digo de amigos, 1000 palabras no pintan un lienzo.

29 Noviembre 2006 | 12:43 AM

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Esta Boca Es Mía

Viña del Mar, Chile
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Camila. 18 años. Chilena. Estudio Arquitectura y es esa [tura] la que me lleva a sobrevivir fuera del "juego". Bienvenidos a mi banda sonora.

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